Sentía el frío
en lo tibio
del vaho
que rebotaba en la bufanda
y salpicaba su boca;
podía oler su aliento a madrugada
recién amanecida.
(Seguro algún día lograría escribir algo tan bello y logrado como eso, pero que no sonara tan pedorro. Creo.)
Los ojos pesaban las horas de sueño que se había debido reservar.
Otro día,
que rima,
con rutina.
Sentía el frío en el viento
que rozaba,
penetraba
sus capas de ropa,
añoranzas
y otras tantas
Pavadas.
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