Un pez que salta del agua.
Una palmera en el borde de un barranco inclinada a 45 grados del suelo.
Y debajo de ella agua.
La decena de pajaritos que viven en la copa del árbol
de la vereda de casa.
Un perro que se mete al arroyo.
Un faso que no se termina nunca.
Las manos pintadas.
Me gusta ver mis manos pintadas
y pegoteadas de esmalte
sosteniendo la punta que queda
de un faso mal armado y ya desarmado.
Se ve bien desde acá arriba.
El atardecer ya prendió las luces
y los colores son hermosos.
La figura tras luz de árboles, casas, antenas
se intercalan con faroles de calles y
luce bien bello.
El faso se apaga. Viene un fresco lindo,
cálido. Dan ganas de abrigarse
y seguir pintando al aire libre,
con los pájaros que se guardan y siempre cantan,
los perros que ladran y
se comunican a la distancia,
sin verse.
Es un viaje. Todo.
El pez una tela de araña una pintura
la literatura la lluvia
Rocío y Rosita. / / mis primeras dos plantas.
Y es increíble cómo me divierto conmigo mismo.
¿En qué andará el resto?
Será que está lleno de poemas.
Constantemente todo el tiempo.
¿Y cuál es la verdadera libertad?
Será que la encuentro en un poema,
cada vez que escribo uno,
cuando leo uno.
Será que la hallo en una flor
y en un atardecer y en el perro
y en el pájaro.
Será que son lo mismo.
digo, la flor el paisaje
el perro el pájaro y las manos pintadas.
Y también digo el poema y la libertad
y el viaje y uno mismo.
Pueden ser, serán, muchas cosas
las que quieras.
Pero es la esencia la misma. / /
Qué bello abril.
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