Hoy la lluvia me ayuda, se hace responsable de cada pregunta que me atormenta.
Y la lluvia, responsable, pierde el control y desborda y los truenos se enojan y los rayos explotan. Y tantas respuestas surgen que las preguntas ya no son tan comunes, ya no son las mismas, varían, como las luces en la mirada. Te acostumbras y ves más de lo que a simple vista veías.
Pero la lluvia, los truenos y los rayos están afuera, y los veo desde adentro. No me mojo, porque no quiero. Pero otras tantas veces he querido. Y he despertado resfriado, pero que bien la he pasado. Seguro.
Y de la lluvia, los truenos y los rayos me protejo cuando quiero y puedo.
Pero de ti, ¿puedo protegerme cuando quiero?
Tú también estás dentro. Por eso no me protejo. Es que no puedo.
Tú estás en el mismo camino en el que siempre tropiezo.
Tú estás, aquí dentro, de mi mismo.
Y no seria malo recorrer otros rumbos, a menudo lo pienso y hasta me convenzo. Pero siempre hay un pero. Un retroceso en el mismo casillero que estoy desde que a mi lado no te encuentro.
Hay algo que tengo que descifrar.
Me marcaste flaca, en la espina dorsal de mi cerebro, justo en la neurona de todos mis sentimientos.
Fragmentos de respuestas llegan con demencia, pero no entiendo: ¿por qué no te vas de mi cabeza?
¿Qué hiciste, produjiste, generaste o provocaste? ¿Qué dijiste que mi razón está meta buscarte?
¿Qué sentí que sentiste? ¿Qué me hiciste sentir?
¿Qué aprendí? ¿Qué me enseñaste?
(Sobre todo a mentir.)

No hay comentarios:
Publicar un comentario