de ruta no era mucho
y aunque el cielo prometía lluvia
más grande eran las ganas,
la fisura:
veinticuatro horas de libertad absoluta.
y el cielo cumplió,
y a nosotros qué?
nos secamos con el fuego que irradiaban nuestros
propios
cuerpos.
nos empachamos de actitud
porque eso era,
-casi nada-
y es tanto...
No quiero pecar de excentricidad
pero el clima,
acá, en el Manantial,
lo pusimos nosotros,
señores,
entre calada y carcajada,
a la sombra, escuchando
un cardenal cantando,
el sol se levanta las gafas
y me hace -la propia- guiñada.
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