A tu imágen y semejanza
Está bien,
no hace falta que te quemes la cabeza,
no se trataba de eso,
no se trataba de nada.
No se de qué se trata,
tendría que decirlo todo en presente.
Tendría.
Presente.
Está bien,
fue como un juego.
Escribirte un verso cada noche y hacértelo llegar.
Un verso un poema.
Cada verso cada poema.
No hacía falta escribir más de dos oraciones como mucho.
Yo esperaba que tú asimilaras todo.
Estos poemas no dicen nada que tú no sepas.
Te lo dije todo hace años.
Lo sabes todo no sé hace cuánto.
Lo habrás entendido ya.
O ya lo entenderás.
Por eso los poemas,
quizás.
Porque no es lo mismo,
y lo debes saber:
saber y entender.
Captar la idea
(alocada por supuesto).
Graficar lo abstracto de quererte en lo simple.
Permitirte fallar,
asumir la imperfección y continuar pensando,
escribiéndote.
La raíz.
El alma pura,
sin los sucesos que acontecen y determinan.
La esencia.
Hay palabras para rodear y abarcar todo esto, sí.
Pero no hace falta. Te lo tienes que imaginar tú,
a tu imagen y semejanza.
A lo que llegue tu alma.
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