con un pájaro
El otro día me puse a leerle poemas a un pájaro. Eran cosas mías, que hablaban de mí y mucho más que de mí.
El pájaro no entendía nada, claro, puesto que lo que yo le decía era totalmente incomprensible. Es decir, no me entendía nadie. Ni yo.
El pájaro me miró un instante, me estudió la cara -me habrá sacado la ficha, y sin dejar de mirarme avanzó unos metros en un volar seco y milimétrico. Acto seguido giró rectamente la cabeza en dirección al cielo y sin decir nada -pájaro puto- me dejó con mis poemas míos y mucho más que míos.
Ahora tal vez, de los pájaros
también.
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